
Hay animales que parecen diseñados para impresionar. El águila tiene las garras, el tiburón los dientes y el elefante, bueno, tiene la capacidad de entrar en cualquier sitio y conseguir que todos se aparten.
Y luego están las mariposas.
Parecen frágiles y delicadas pero llevan en el planeta Tierra unos 100 millones de años, lo que explica su resistencia. Y sabemos bastante más de su historia gracias a un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution en 2023, dirigido por el entomólogo Akito Y. Kawahara y un equipo internacional. Los investigadores analizaron 391 genes de casi 2.300 especies procedentes de 90 países y reconstruyeron la historia evolutiva de las mariposas. Su conclusión: surgieron hace unos 101 millones de años, durante el Cretácico, a partir de antepasados de polillas nocturnas, probablemente en lo que hoy es Norteamérica occidental o Centroamérica. Los dinosaurios seguían mandando.
El estudio indica que sus antepasados cruzaron Beringia —la región que en épocas de bajo nivel del mar conectaba Asia y Norteamérica— hace unos 75 millones de años. Mucho después, hace unos 17 millones de años, llegaron a Europa los primeros linajes que conocemos como antepasados de varios grupos actuales.
Y aquí aparece una rareza que suele quedarse fuera de los libros infantiles: más de dos tercios de las especies de mariposas estudiadas son especialistas. Sus orugas se alimentan de plantas pertenecientes a una sola familia. Es decir, para una mariposa, “cualquier planta verde sirve” es una afirmación bastante parecida a “cualquier restaurante sirve para cenar”. No. Hay preferencias. Y algunas son extremadamente exigentes.
La vida empieza como huevo y continúa como oruga, crisálida y adulto. La oruga puede mudar su piel cuatro o cinco veces mientras crece. Durante la metamorfosis, el interior de la crisálida se convierte en un laboratorio biológico de proporciones absurdas: cambian los tejidos, la expresión de miles de genes y la organización del cuerpo. Un estudio publicado en Scientific Reports en 2025 siguió estos cambios mediante análisis de ADN y ARN en diferentes fases de la metamorfosis.
Pero hay algo todavía más extraño: las mariposas pueden aprender.
Investigadores han demostrado que algunas especies son capaces de asociar colores con alimento y conservar recuerdos durante largos periodos. En 2023, un equipo estudió mariposas Heliconius y encontró una expansión notable de estructuras cerebrales relacionadas con aprendizaje y memoria, especialmente en especies que se alimentan de polen y necesitan recordar lugares donde encontrar alimento. Stephen H. Montgomery, de la Universidad de Bristol, participó en el trabajo.
Y si pensamos que después de convertirse en mariposa empiezan de cero, tampoco es tan sencillo. Experimentos clásicos realizados con lepidópteros demostraron que ciertas asociaciones aprendidas durante la fase de oruga pueden conservarse después de la metamorfosis.
Las alas tampoco son simples “dibujos”. Están cubiertas de diminutas escamas que producen colores y patrones. Algunas especies utilizan esos patrones para camuflarse; otras para advertir a los depredadores de que no son un bocado recomendable.
Y mientras nosotros admiramos los colores, ellas están trabajando. Las mariposas visitan flores y pueden transportar polen entre ellas. Sus orugas alimentan a aves, reptiles, anfibios y otros animales. Son parte de una red ecológica mucho mayor que su tamaño.
Por eso su desaparición importa.
Un análisis publicado en 2025 a partir de más de 12,6 millones de registros individuales estimó que la abundancia de mariposas en Estados Unidos cayó un 22 % entre 2000 y 2020. Y en Europa, la evaluación de la Lista Roja de la UICN publicada ese mismo año encontró que 65 de las 442 especies evaluadas —el 15 %— están amenazadas de extinción.
Las causas son conocidas: pérdida y fragmentación del hábitat, agricultura intensiva, pesticidas, contaminación y cambio climático.
Protegerlas no requiere convertirse en entomólogo ni perseguir mariposas con una lupa. Podemos conservar plantas autóctonas, mantener flores durante diferentes épocas del año, dejar algún rincón menos “perfecto” y evitar pesticidas innecesarios.
Porque una mariposa no es solamente una cosa bonita que pasa volando.Es una superviviente del Cretácico, una especialista en plantas, una polinizadora, comida para otros animales, un pequeño sistema nervioso capaz de aprender y una pieza de la maquinaria ecológica. Quizá nosotros deberíamos intentar que pueda quedarse unos cuantos millones más.
